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» Eloísa Ballivián


Eloísa Ballivián

En The End of Something, Eloísa Ballivian lanza sus inventos espaciales o se apropia de recuerdos e imágenes ajenas para explayarse a lo largo y a lo ancho, un largo bastante largo y un ancho bastante ancho, haciendo foco fotográfico en su experiencia de interpretación, bañando de luz el mundo de sus fantasías. Un flash sobre otro flash.

Si lo que no podemos repetir está condenado al olvido o a una reelaboración constante, entre una imagen vista y su recuerdo, la artista se detiene en el recorrido. Porque incluso aunque trabaje a veces con fotos, su tarea no tiene nada de mimética: en esos segundos –o tal vez años- que median entre su visión directa y lo que ya es una huella en su memoria, un aluvión personal lo transfigura todo, encendiendo un aparato de ensoñación y artificios del click.


Esta vez, el objeto que parece haber captado su atención es el espacio no urbano: lo natural, lo salvaje y también su contracara. Claro que su ojo técnico se detiene, recorta y a veces traslada una porción de naturaleza, para entregarnos una verdad eléctrica, impura y excitante.


El relato construido disfruta de la intimidad de los espacios interminables, la aprehensión sensible del afuera: un árbol es apuntalado hasta ser desgajado en ramas laberínticas en las que incluso llegamos a avistar algún animal de bosque escondido, en clave.


Una chica desnuda se desparrama encerrada en una flor silvestre que podría ser también una cobra, carnal y onírica (¿la chica duerme o posa?). O dos pequeñas plantas parecen haberse hecho amigas y conversar temerosas, como compatriotas que se encuentran en una ciudad extranjera.


En sintonía con series anteriores de la artista, como Manténgase alejado de las puertas que se cierran, acá también hay algo, something, que puede abrirse y cerrarse, como las hojas de un cuento, como los ojos, como los mundos divergentes. Hablamos de algo que se termina, según intenta decirnos el título. ¿Qué será? ¿El espacio extasiado de la naturaleza, que en la ciudad deviene en decoración de exteriores, árboles sincronizados, contenidos, domesticados; menos expresivos que esos potentes contenedores de basura? Tal vez se refiera a otra cosa.


Quizás, en la sugestión foránea del título haya algún secreto, como ese vínculo privado y especial que intuimos en el juego entre una señora y un animalito en un lugar sin fin, una relación densa que resulta imposible de descifrar y al mismo tiempo comprensible. Después de todo, hay cosas que no se pueden traducir, y es mejor que así sea.


09/09/2009 - 07/10/2009


MIAU MIAU ESTUDIO


Bulnes 2705, Palermo, Ciudad de Buenos Aires